Sobre la Autora

"Fue la primera vez que una persona reflejó mi compulsión de morderme las uñas desde un acto de amor y reconocimiento."

Mi nombre es Roxana de los Angeles Acuña. Tengo cuarenta años, soy de Uruguay y por más de treinta años, me comí las uñas.

Conozco la vergüenza de esconder las manos, la frustración de los "intentos fallidos" —desde el ajo y los esmaltes amargos hasta las uñas acrílicas— y la impotencia de querer recoger una moneda del suelo y no poder. Conozco el pensamiento recurrente de "no puedo dejar de hacerlo".

Mi punto de quiebre llegó un día después de salir de la manicura, cuando empecé a arrancar las uñas acrílicas que acababa de ponerme. En ese momento, sentí que tocaba fondo. Pero fue también el momento en que dejé de luchar y empecé a escuchar. Me pregunté: "Acá pasa algo".

Roxana de los Angeles Acuña

El Momento de la Transformación

Esa pregunta me llevó a un viaje de autodescubrimiento. Me di cuenta de que mientras más ocultaba o rechazaba esta conducta, con más fuerza aparecía. La verdadera transformación comenzó con una frase simple pero poderosa, dicha en voz alta mirándome las manos:

"SÍ, soy una mujer que se come las uñas compulsivamente y, por ahora, esto también es parte de mí".

Mi Camino Profesional

Este camino personal se fusionó con mi vocación. Soy Licenciada en Psicomotricidad (Universidad de la República, Uruguay), Practitioner en Programación Neurolingüística y cuento con formación en Hipnosis Ericksoniana y Psicopedagogía Clínica.

Durante más de doce años, he trabajado en el ámbito preventivo, educativo y clínico con niños, adolescentes y sus familias. Mi pasión es acompañar a las personas en sus procesos de expresión, consciencia corporal y comunicación.

"Me como las uñas" es el resultado de este doble viaje: la integración de mi propia historia con las herramientas profesionales que he adquirido para ayudar a otros a encontrar su propio camino de trascendencia y aceptación.


Mi Enfoque

Mi enfoque no se basa en la fuerza de voluntad, sino en la compasión, la curiosidad y el profundo poder de la autoaceptación. Creo firmemente que cada persona tiene en sí misma los recursos necesarios para su transformación, y mi rol es acompañar ese proceso con amor y reconocimiento.